sábado, 7 de noviembre de 2009

Siempre hay un rayo de esperanza

Te sientes débil, estás sumergida en una oscuridad impaciente por rodearte, solamente un rayo de luz intenta luchar contra esa oscuridad, pero un único rayo no es suficiente para combatirla. Miras a tu alrededor, intentas localizar la posición de ese resplandor, pero no consigues hallar con el, de repente desaparece, habrá sido una simple visión.
Vuelves a sentirte vacía, incluso sola, pero en ese instante te das cuenta de que no es así, la soledad ha decidido quedarse contigo. Quizás no sea la mejor compañía, pero debes aprender a convivir con ella.
Las lágrimas vuelven a rodar por tus suaves mejillas, esas mejillas que ahora son pálidas, esas mejillas en las que un día se reflejaba la luz del sol. Derrochas lágrimas sin motivo alguno, no tienes razón por la que debas empapar tus dulces ojos de esas gotas saladas que nacen en ellos.
Has decidido permanecer alejada de todo lo que te rodea, de todo aquello por lo que un día fuiste feliz. Ni tu misma recuerdas el motivo de tu decisión, pero crees que es mejor seguir así. Te estas quedando dormida y no puedes resistirlo, pero en ese instante en el que estas luchando para que tus ojos no se cierren recuerdas algo. Recuerdas a una persona tumbada a tu lado, rodeándote con sus fuertes brazos, pero no consigues recordar quien es en realidad esa persona de piel morena. Ya no aguantas mas, tus ojos se cierran y te quedas dormida, te adentras en un sueño, un sueño que va a traerte respuestas a todas tus preguntas.

-Estás sentada en el sillón, y escuchas la puerta, un fuerte golpe retumba por toda la casa. Te levantas algo sobresaltada de tu asiento y decides ir a ver que es lo que está pasando. Es él, ha vuelto a casa después de un duro día de trabajo, pero parece que en su cara no se refleja esa sonrisa de siempre. Le besas, pero el retira su cara de inmediato, piensas que quizás el día no le haya ido bien y decides abrazarlo, pero él te aparta de su lado bruscamente. Te dispones a preguntarle que es lo que le pasa, pero antes de que te diera tiempo a pronunciar esas palabras el ya te había dicho que tenia que hablar contigo. Pensaste que quería desahogarse, hablar con alguien de todo lo que le pasaba, pero no fue así. Te dijo que tenia que marcharse, que no podía explicarte el porque de su partida, pero que no iba a poder volver y si lo hacia seria sin previo aviso. Te quedaste muda, sin habla, pálida y con los ojos mas abiertos de lo normal. Se iba esa persona que te había hecho conocer el significado de la palabra amor, esa persona por la que lo habías dejado todo, el ser al que mas amabas encima de este mundo, se iba y tú no podías hacer nada. Lo miraste, el había agachado la cabeza, como si estuviera avergonzado por lo que había dicho. Te cogió las manos y te dijo que no iba a olvidarte, que tú eras y serias el amor de su vida, y que no iba a haber ninguna otra mujer que pudiera ocupar tu lugar. Pasaron horas y horas pero tú no conseguías articular palabra. Decidiste ir a la cama, el ya estaba allí, esperando a que tu te tumbaras para rodearte con sus fuertes brazos, esos que nunca podrías olvidar, esos que te prometiste no olvidar nunca. Te tumbaste a su lado y lo abrazaste con todas tus fuerzas.-

Sin saber porque despertaste de nuevo, miraste el reloj y para tu asombro simplemente habían pasado 15 minutos, los suficientes para haberte dado cuenta de que la decisión de vivir con la soledad la tomaste el día en el que él se marchó para siempre de tu lado. Volvió a aparecer ese rayo de luz, y cuando te diste cuenta viste que era el rayo de luz de tu esperanza, esperanza por que un día el volviera y la soledad se alejara para abrirle paso a la compañía de tu gran amor.

En ese mismo instante la puerta se abrió, te quedaste paralizada mirando fijamente hacia ella, entró una persona alta, morena, con unos fuertes brazos, recordabas esos brazos, te prometiste a ti misma no olvidarlos nunca. Te miró, y la felicidad volvió a ti.

Prometiste no volver a dejar entrar en esa casa a la soledad, y te prometiste a ti misma que nunca mas volverías a aislarte del mundo que te rodeaba, pues si una cosa habías aprendido era que lo ultimo que hay que perder en esta vida es la esperanza, porque quieras o no siempre queda un rayito de ella.

1 comentario:

  1. La esperanza es lo último que se pierde y uno de los sentimientos más bonitos e inocentes de este mundo

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