viernes, 30 de abril de 2010

Un día fuimos lo que ya no somos

No te pido entendernos, ni siquiera compartir las mismas ideas. Solo te pido que me comprendas, que elijas lo que quieres, que sueñes con lo que deseas y que digas lo que sientes. No hagas nada que no quieras pero haz todo lo que te apetezca. Vive, sonríe, hazlo conmigo o sin mí, pero hazlo. No dejes que el mundo deje de contemplar esa sonrisa tuya, esa que ha pasado junto a mí tan buenos momentos. Derrocha felicidad como lo hacías conmigo, deja que la gente vea la persona que eres en realidad. No te ocultes bajo una mascara, nunca te ha traído nada bueno, sé tú y vive como solías hacerlo cuando éramos inseparables.

miércoles, 28 de abril de 2010

Tropecé otra vez

Y sin más vuelvo a tropezar. No soy capaz de mantener el equilibrio de mi balanza particular, siempre hay algo que hace que uno de los lados ascienda. Me gustaría equilibrarla, eso querría decir equilibrar también mi cabeza, pero la balanza es inestable, y mi cabeza una loca despiadada sin recuerdos de un pasado y sin esperanzas de un futuro. Quizás las cosas nunca vayan como quiero, quizás pienso demasiado en vez de actuar sin imaginarme las consecuencias. Me gustaría poder tomar decisiones acertadas, dejar que la loca de mi cabeza pusiera las cosas en su lugar, desordenadas quizás, pero siempre hay un orden dentro del desorden ¿no? No creas que me olvido del pobre órgano destrozado que tengo por corazón, ese es el más estricto. No me deja sentir, ha creado un escudo protector de dolor y ahora no es capaz ni de querer como antes quería. Supongo que tiene miedo, miedo a volver a abrir las heridas ya medio cicatrizadas, miedo de romperse en mil pedazos antes de que le de tiempo a acostumbrarse a no tener su escudo. Lo comprendo, forma parte de mí, y supongo que por esa razón el miedo me lo transmite, y mi cabeza, que cuando quiere es demasiado lista, sabe captar los gritos del corazón y desordenar todo lo que había empezado a colocar. No pueden llevarse bien, esta visto que cabeza y corazón nunca serán amigos. ¿Pero y yo? Estoy en medio de los dos, soy yo quien debería controlarlos y no ser ellos los que me controlaran a mí, pero no puedo. Me superan, son demasiado listos, y yo, quizás, demasiado tonta para conseguir mantener el equilibrio y no volver a tropezar una vez mas.

sábado, 3 de abril de 2010

Intentarlo nunca está de más

Abre los ojos y date cuenta de cómo son las cosas en realidad. Di lo que piensas, lo que sientes, lucha, no seas cobarde porque la cobardía solo te dejará sin aquello que quieres. Inténtalo, que si algo tiene que salir mal que salga, pero por haberlo intentado no por haberte quedado de brazos cruzados. Adelante, intenta todo aquello que te gustaría saber como va a salir.

Arriesga

viernes, 2 de abril de 2010

5 años después...

Después de cinco años vuelvo a ser capaz de escribir sobre ti, sobre la persona que se fue justo en el momento en el que por fin estaba volviendo a formar parte de mi vida. Quizás ese es el motivo por el cual me dolió tanto, el motivo por el cual cada 2 de abril recuerdo tu pálida cara y tu vientre hinchado, no por comer, si no por los medicamentos, aquellos que acabaron por no hacerte nada. Intento recordar cada sonrisa, cada gesto y cada palabra que compartimos, pero la mayor parte de todos esos recuerdos fueron en aquel hospital que, como sabias, tanto odiábamos todos.

Nunca olvidaré el momento en el que papá entró por la puerta abrazado por mamá, algo que solía ser siempre al revés, en aquel preciso instante supe que algo no iba bien, solamente me cogió, me abrazó y sin mirarme me dijo: ¡Tita se muere! Él no pudo controlarse y rompió a llorar, yo no quería creérmelo y me quede sin habla delante de la puerta de su habitación viendo como él, por primera vez desde que yo recordaba, se encontraba tirado en la cama encogido y llorando como un niño pequeño. No olvidaré la escena en la que yo, por fin, comprendí que tú te ibas a ir para siempre, te ibas a ir y ya nadie podía hacer nada para evitarlo. Pasé la peor noche de mi vida, no dormí, solo lloré.

Al día siguiente fui a verte y no puede evitar llorar cuando entre en aquella habitación y tú me sonreíste débilmente, con esa sonrisa que aun estando mal no perdías nunca. Te abracé y me dijiste que no me preocupara, que siempre ibas a estar cuidando de nosotros, estuvieras donde estuvieras. No quería irme aquel día de allí, tenía miedo a no poder volver a verte y que esas horas hubiesen sido las últimas que podía haber pasado contigo. Los días fueron pasando y tú ibas empeorando. Fuiste muy fuerte, no te daban mucho tiempo y aún así aguantaste un mes sonriendo.

Llegó el 1 de abril, era viernes y en cuanto salí del colegió fui con mamá a verte, papá ya estaba allí con cara de cansado, yo no quería entrar a tu habitación pues tu cara ya no era la que yo recordaba y me daba miedo estar a tu lado. Algo empezó a fallar, sabíamos que todo ocurriría pronto ya que toda la familia estaba allí, todos, no faltaba nadie, todos tus hermanos, tu madre, tu marido, tus hijos… Me viste en la puerta y me pediste un beso, yo te lo denegué y no sabes cuantísimo me arrepiento de eso, no sabia que seria la última oportunidad que tendría de dártelo. A la media hora empezaron a entrar médicos y médicos en aquella pequeña habitación, papá llamó corriendo al tete y en 15 minutos el ya estaba allí, quería que nos fuéramos a casa los dos juntos. Me pasé todo el camino llorando y diciéndole a mi hermano que no podía ser que alguien con 47 años dejara este mundo por un CANCER. Me costó mucho dormir, pues el hecho de que mis padres estuvieran pasando la noche allí, en el hospital, me hizo saber que ibas a irte.

A la mañana siguiente, sonó el teléfono y yo me levanté corriendo para cogerlo antes que mi hermano. Era mamá, llorando y casi sin habla me dijo: Ya… Tiré el teléfono contra el suelo y vi a mi hermano a mi espalda, lo ignoré. Fui a mi habitación y lloré hasta que ya no me quedaron lágrimas para derramar. Recuerdo que vino mi tía con mi primo y me llevo a que me diera el aire un rato, no recuerdo bien donde fuimos ya que yo no tenia la cabeza en otro sitio que no fuera en la pregunta que aún hoy me sigo haciendo. Esa noche fue dura, en mi casa no habían más que lágrimas y apenas durmió nadie.

Al día siguiente fuimos mis padres y yo al tanatorio, no me atreví a entrar a verte. Decían que tú estabas mucho mejor que la última vez que te vimos todos en el hospital, pero yo no fui capaz de verte una vez mas. Lloramos todos, sufrimos, nos abrazamos, te nombramos, y llegó la hora de tu incineración. Sé acabó, ya te habías ido, ya no había manera de que volvieras.

Hoy hace 5 años que pasó todo esto y yo no pudo evitar volver a recordar aquella cara, aquellos ojos, aquellas palabras y aquel beso que nunca llegué a darte. Cada año, hasta hoy, el 2 de abril he pasado por aquel hospital, pero este año no se si me veo con fuerzas para volver a hacerlo y sola.


Te quiero tita.