lunes, 14 de junio de 2010

Las etiquetas nunca traen cosas buenas.


-No te olvides de que no estas enamorado de mí.

-No lo hago. ¿A que viene esto?

-A que a veces parece que te olvides. A veces parece que quieras compartir conmigo mañanas llenas de besos, tardes llenas de abrazos y noches llenas de pasión. Viene a que a veces me miras con esos ojos que parecen querer adentrarse en los míos y no dejarme escapar nunca. Viene sobretodo a que cuando echamos un polvo parece que me hagas el amor.

-Nena, tú y yo nunca seremos así, nunca tendremos eso.

-Pues no me hagas pensar que algún día puedas quererlo.

-¿Tú lo quieres?

-No. O si. No lo sé.

-Tienes que tener las cosas mas claras cariño.

-Deja de hacer eso, deja de hacerme sentir especial llamándome cariño cuando lo único que quieres es tenerme en una cama.

-No te equivoques, yo también tengo corazón y ese órgano siente igual que el tuyo.

-Entonces dime, ¿Qué tenemos?

-Esto “nuestro” es más especial así, sin nombre.

-Es cierto, no etiquetemos nada, pero te quiero solo para mí.

-Vaya ¿una relación sin nombre?

-Algo así…

-Hecho.

-¿Seguro?

-Te quiero suficiente como para no estar con nadie más.

-Yo te quiero suficiente como para creerte.


Ella sonrió y él la besó de esa manera que nadie mas podía hacer. Besos como esos eran los que a ella le hacían dudar de sus sentimientos. Pero sabia que las etiquetas solo traían problemas, enfados y todo aquello que podía destruir lo que ellos “tenían”.

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