miércoles, 19 de agosto de 2015

El bar que nos vio conocernos

Hoy me he vuelto a sentar en aquel bar que nos vio conocernos, en aquellas butacas que crujían cada vez que me giraba (disimuladamente) para comprobar que no te estaba asustando mientras te hablaba del inmenso caos que era mi vida.

Supongo que allí me sentí libre y es por esa razón por la que hoy estoy aquí, sentada, bebiéndome una cerveza y hablando con la gente de lo bonita que puede ser la vida incluso cuando crees que nada puede ir peor.

Ha sido aquí donde he comprendido algo: Somos almas libres y como tales debemos volar lejos y volver cuando se nos antoje. Yo me he quedado estancada, mis alas aun no están preparadas para tomar impulso y dejarse llevar.

Aunque no lo creas, hoy ha sido el primer día que no me ha dolido recordarte, porque sé que sigues ahí, porque sé que aunque no lo sepas me echas un poquito de menos.

Créeme, la vida es maravillosa, te das cuenta cuando crees que lo has perdido todo y de repente aparece algo (o alguien) y descubres que te da igual que aquello sea tan fugaz como una estrella, quieres vivir el momento, sin pensar, dejándote llevar.

No tuve la oportunidad de contarte muchas de las cosas que quería, muchos proyectos que tenia en mente y que estoy segura me habrías ayudado a empezar. Pero tuve la oportunidad de conocerte y con eso me basta, porque si la vida te puso en mi camino estoy segura que es por un gran motivo y es muy posible que ese motivo fuera ayudarme a entender que mi dignidad está por encima de todo. También es verdad que si la vida te ha apartado de mi quizás es porque no debías estar en ella, pero me quedo con lo bonito, con tus palabras, con tus actos, con lo bueno.

Sé que algún día la vida volverá a juntarnos, porque algo tan bonito no puede acabar de esta manera.

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