lunes, 17 de agosto de 2015

Reflexiones matutinas

Son las 5.30 de la mañana y os preguntaréis que hago escribiendo a estas horas.

Voy de camino al trabajo, de paquete en la moto, disfrutando del aire fresco, pensando en lo mucho que han cambiado las cosas en tan poco tiempo.

Hace apenas unas semanas no soltaba el móvil de mis manos, pasaba noches despierta hasta las tantas y me apetecía salir del trabajo para escribir un simple: fin de mi jornada.

Ahora el móvil va todas las mañanas en mi bolso, me voy a dormir pronto y al salir sólo miro si mi hermano me ha escrito el típico: estoy de camino.

Me gustaba estar pegada a él, eso me acercaba más a ti. Y supongo que esto, en cierto modo, también lo hace. Porque aquí puedo ser yo, aquí puedo escribir lo que siento sin miedo a nada.

Aún recuerdo cuando me felicitaste por querer despertarme con poesía y hacer el amor con rima asonante, creo que fue entonces cuando supe que no dejarías de leerme.

Son las 5.30 de la mañana y te echo de menos, aunque la vida sigue y pienso seguir con ella, viviendo al límite, sonriendo sin miedo y siendo la persona más feliz del mundo, si algún día quieres volver a unirte a todo eso, búscame.

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